El viejo elefante, que no oía ni veía, finalmente se liberó y comenzó a llorar como un hombre en libertad

El viejo elefante, que no oía ni veía, finalmente se liberó y comenzó a llorar como un hombre en libertad

Sook-Jai nunca hizo lo que quería hacer en su vida.

Durante setenta y tres años, el elefante había estado montando turistas y transportando cargas, conducido por el palo del capataz.

Elefante ciego y sordo de 73 años finalmente es rescatado y llora lágrimas de verdad cuando lo liberan

La golpearon por negarse a trabajar; numerosas cicatrices en la cabeza y el cuerpo lo atestiguan.

La salud de Sook-Jai se deterioró: perdió completamente la vista y parcialmente la audición.

Al enterarse de la difícil situación del elefante, intervino la Fundación Save Elephant.

Esta organización sin fines de lucro se dedica a ayudar y salvar a la población de elefantes tailandeses y a crear conciencia pública sobre estos animales únicos.

Elefante ciego y sordo de 73 años finalmente es rescatado y llora lágrimas de verdad cuando lo liberan

Los empleados del fondo lograron asegurar la liberación de Sook-Jai y el transporte de la elefanta a un parque natural, donde podrá vivir su vejez con tranquilidad y libertad.

El camino fue largo.

Cuando llevaron a Sook-Jai al camión, ella temblaba. Durante todo el viaje, la elefanta levantó la trompa y olfateó el aire, como si intentara determinar a dónde la llevaban.

Elefante ciego y sordo de 73 años finalmente es rescatado y llora lágrimas de verdad cuando lo liberan

El animal estaba acompañado por uno de los voluntarios del fondo. La mujer curó las heridas de la elefanta, la acarició y trató de calmarla.

Sook-Jai tenía hambre, por lo que el conductor tuvo que detenerse para recoger hojas de plátano y frutas para el elefante.

Por primera vez en más de setenta años, la elefanta podía hacer lo que quisiera por sí misma, sin miedo a los crueles golpes con un palo.

Fue cuidada, apoyada y amada de una manera que nunca antes había conocido.

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Y luego sucedió lo increíble: Sook-Jai tenía lágrimas en los ojos.

¿Lo desconocido la asustaba? ¿Tenía conciencia de un futuro cambiante y una embriagadora sensación de libertad? Lo que estaba pasando en el alma del elefante en ese momento, la gente solo podía adivinar.

Pronto, Sook-Jai llegó a su nuevo hogar, un santuario que compartiría con otros elefantes rescatados.

Para sorpresa de todos, el elefante ciego y casi sordo salió confiado del camión e inmediatamente se dirigió hacia el agua.

Parecía que entendía dónde estaba, y esto inspiró la esperanza en todos los presentes de que al menos Sook-Jai, de 73 años, pasaría su vejez feliz y en paz.