REGRESÉ A CASA DESPUÉS DEL FUNERAL DE MI HIJA Y ENCONTRÉ
Hace una semana, mi hija de 8 años, Lily, falleció de cáncer. El funeral fue tan devastador como cabría esperar.

Cuando llegué a casa, estaba emocionalmente agotada, pero cuando entré en la entrada, me quedé paralizada. Había una carpa enorme en mi patio trasero. Brillante y con aspecto de circo.
No podía entender quién podría haber hecho eso. Mi corazón latía con fuerza mientras abría la puerta de la tienda.
Dentro había un bulto envuelto en una manta, igual que la del hospital de Lily. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Pensé que era una broma retorcida.

Mientras estaba allí, con el corazón acelerado y las lágrimas nublando mi visión, el bulto volvió a moverse. Caí de rodillas, temiendo lo peor y medio esperando algún truco horrible. Pero entonces lo oí: un ronroneo suave y familiar.
Retiré la manta y allí estaba: Muffin, la gatita favorita de Lily, acurrucada cómodamente, con una notita prendida a la tela.

Mis manos temblaron cuando abrí la nota, escrita con la inconfundible y descuidada letra de Lily: “Para mami, para que no te sientas sola”.