Se hizo muy amigo de Papá Nieves y ahora pasa casi todo el tiempo con él, acurrucado en su regazo
La gata negra Maia vive en la familia Nieves Morán casi desde su nacimiento.
Dulce y cariñosa, hace tiempo que se ha convertido en la favorita de todos, a la que se le permite casi todo en el mundo.
La familia dejó entrar a su gato a la casa y luego encontró su copia exacta en el sofá.
Maia pasa la mayor parte de su tiempo en casa, pero a veces sale a caminar por el jardín.

Un día, sus dueños regresaron del trabajo y, al ver la puerta abierta, decidieron que la gata había salido a tomar un poco de aire fresco.
Papá Nieves notó a Maia y la llamó.
Su favorito se acercó y se acurrucó junto a él, de la misma manera que siempre.
La familia dejó entrar a su gato a la casa y luego encontró su copia exacta en el sofá.

Cuál fue la sorpresa de la familia cuando en el salón encontraron a la segunda misma Maia, durmiendo plácidamente en el sofá.
Los gatos se veían exactamente iguales de pies a cabeza y miraban a las personas asombradas con los mismos ojos verde-amarillos.
Los dueños se dieron cuenta de que la mascota de otra persona había venido a visitarlos. Pero no pudieron distinguir un gato de otro.

Ambos animales se sintieron muy cómodos en la casa y respondieron a la voz de los dueños.
La familia dejó entrar a su gato a la casa y luego encontró su copia exacta en el sofá.
Reaccionaron el uno al otro con calma, como si se conocieran desde hace mucho tiempo.
Esta es la primera vez que la familia Nieves se encuentra en esta situación.

Después de examinar a los animales, lograron identificar a un invitado inesperado.
Los dueños llamaron a la nueva mascota Jay.
Publicaron una foto del gato en Internet, colocaron volantes sobre él en el área e incluso llevaron al gato al veterinario para escanear su microchip.
La familia dejó entrar a su gato a la casa y luego encontró su copia exacta en el sofá.
Pero resultó que Jay no tenía chip y nadie lo estaba buscando. Así que la familia decidió quedarse con el gato negro.
Jay pronto se convirtió en una parte integral de la familia.
Se hizo muy amigo de Papá Nieves y ahora pasa casi todo el tiempo con él, acurrucado en su regazo.
Con Maia, el gato también vive en perfecta armonía, como si el destino mismo trajera al animal a esta casa.