Antes de una compleja operación, el hombre pidió unos minutos para despedirse del gato, pero de repente, este arqueó el lomo, siseó y comenzó a arañar a su dueño.

Antes de una compleja operación, el hombre pidió unos minutos para despedirse del gato, pero de repente, este arqueó el lomo, siseó y comenzó a arañar a su dueño.

Dicen que los gatos siempre sienten el dolor y la enfermedad de sus dueños. Esta historia lo confirma.

Un anciano se encontraba en cuidados intensivos. Llevaba un mes allí, y durante ese tiempo, ningún familiar había ido a visitarlo. Su gato seguía siendo su único amigo y consuelo.

Las enfermeras se sorprendieron al principio, luego se resignaron: se sentaba a su lado todos los días, como si supiera dónde le dolía su dueño. El gato solía tumbarse boca abajo porque sufría graves problemas gastrointestinales.

El animal se convirtió rápidamente en la mascota de todo el personal. Los médicos lo alimentaban y los pacientes sonreían ante esta conmovedora amistad.

Por fin llegó el día de la operación. El paciente sabía que todo dependía de ese día: o sobrevivía o no despertaría jamás. Antes de que se lo llevaran, pidió unos minutos para despedirse de la gata.

La abrazó fuerte y, como siempre, ella se tumbó boca abajo. Pero de repente, su comportamiento cambió radicalmente. Arqueó la espalda, siseó y empezó a arañarlo, mientras miraba con furia sus manos.

El brazo del paciente, hacia donde la gata miraba, empezó a ponerse azul. Se llamó inmediatamente a un anestesiólogo, quien resultó que el hombre tenía un coágulo de sangre a punto de desprenderse.

Si la operación hubiera comenzado en esas condiciones, habría sido un error fatal.

El gato salvó a su dueña. Ante su extraño y preocupante comportamiento, los médicos cambiaron de plan a tiempo y extrajeron el peligroso coágulo antes de proceder con la operación principal.

Tras este incidente, los médicos comenzaron a tratar a su «colega» de cuatro patas con aún más respeto. Después de todo, ella fue la primera en percibir lo que incluso los médicos más experimentados ignoraban.